Un poco de Historia... y un poco de todo
   
  Un poco de Historia ...y un poco de todo
  Europa ¿qué somos?
 




Europa ¿qué somos?

Que estamos en Europa, todos lo sabemos. Que Europa es el Continente donde más han avanzado los derechos de la persona, también lo sabemos. Y también sabemos todos que muchos quieren entrar en Europa, formar parte de Europa, tanto personas como países. Éste es el caso de Turquía. Pero, como europeos que somos, ¿sabemos qué es Europa? ¿Sabemos quiénes y cuándo fundaron Europa? ¿Sabemos quién y por qué diseño así –doce estrellas en círculo sobre un fondo azul- la bandera de Europa? ¿Sabemos quién presionó a Franco para iniciar el largo proceso hacia la democracia?

Si no sabemos lo que somos ¿cómo podremos defenderlo?

Lo que hoy conocemos como Europa, se denominó Cristiandad hasta el siglo XV haciendo referencia sobre todo a su contenido espiritual. En los siglos siguientes, esa misma Cristiandad –Europa-, sin renunciar a sus valores de raíz cristiana, se dividirá y se enfrentará en violentos  conflictos sociales, políticos, religiosos…



En el siglo XX, dos totalitarismos –fascismo y comunismo- pretendieron sustituir esos valores y cultura cristiana por un sistema en el que la persona quedaba sometida a un Estado totalitario que anteponía una raza o clase social a los derechos del individuo. Todos conocemos ya las consecuencias. Tras los desastres de la I y II Guerra Mundial, en 1947, tres grandes políticos católicos, uno alemán (Adenauer), otro italiano (De Gasperi) y un tercero francés (Robert Schuman) decidieron que había llegado el momento de terminar, mediante un acto de amor al prójimo, con toda la serie de guerras que diezmaban a la población europea, y que había llegado el momento de que Europa comenzara a existir. Así, en 1949 se creó el Consejo de Europa.  Hoy, sesenta años después, hay razones para la esperanza, si bien, en estos momentos, el terrorismo es la <<nueva forma de lucha diabólica>> que nos amenaza a los europeos.


En 1950, el Consejo de Europa convocó un concurso para diseñar la bandera de la recién creada Comunidad Europea. El 8 de diciembre de 1955, festividad de la Inmaculada Concepción, se seleccionó oficialmente una de las propuestas, presentada por Arséne Heitz, artista de Estrasburgo: un círculo de doce estrellas sobre fondo azul. Años más tarde, el Parlamento Europeo aceptó que la bandera diseñada por Heitz representara a la Comunidad Europea.  En 1988 se eligió oficialmente y por unanimidad esta bandera como símbolo de la identidad y la unidad de Europa. La Constitución Europea aprobada en junio de 2004 la adoptó como bandera de Europa.

El mismo Arséne Heitz ha explicado la simbología y el sentido de la bandera de Europa: <<Inspirado por Dios, tuve la idea de hacer una bandera azul sobre la que destacaran las doce estrellas de la Inmaculada Concepción de Rue du Bac (Virgen de la Medalla Milagrosa): De modo que la bandera de Europa es la bandera de la Madre de Jesús, que apareció en el cielo coronada de doce estrellas (Apoc 12,1)>>

                Apoc 12,1: <<Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza>>.

No se trataba tanto de representar aspectos religiosos como de representar un orden de valores de raíz cristiana comunes a todos los europeos –dignidad de la persona, defensa de los más débiles, solidaridad, respeto, libertad…  Se quiera reconocer o no, Europa está empapada de valores humanos que hunden sus raíces en el cristianismo. Cuando la fuente de inspiración de la bandera de Europa se hizo pública, no faltaron las dudas y las vacilaciones, ya que se trataba de un signo católico. Y no hay que olvidar, aunque la mayoría de los europeos lo desconozcan y se silencie, que católicos practicantes eran también los fundadores de Europa: Schuman, De Gasperi y Adenauer.

Otro político francés, con larga experiencia internacional, fue el cerebro conceptual de ese proceso unificador: Jean Monnet,




Jean Monnet

“Por primera vez en nuestra historia comienzan a caer las barreras entre nuestros pueblos. Más allá del progreso material necesario en cada país para la vida cotidiana, esta unión se transforma en imprescindible para el renacimiento de nuestra civilización europea y el mantenimiento de la paz.”


Bajo el régimen de Franco, en 1961 el Gobierno español confesionalmente católico, solicitó el ingreso en la Comunidad Europea. En ese momento, Europa no podía rechazar la demanda ni tampoco aceptarla, debido a motivos políticos, ya que España no poseía un régimen democrático. El Movimiento europeo –agrupación política de inspiración católica- convocó el Congreso de Múnich para evitar que se hiciese en aquellas circunstancias la admisión de un país no democrático dentro de Europa. A ese Congreso acudieron desde dentro de España relevantes figuras del mundo de la cultura y la política. La negativa a la admisión de España se hizo más transparente, pese al vigor de la democracia cristiana, porque el Gobierno español franquista cometió el error de castigar a los que acudieron a Múnich. Aunque hubo rectificación por parte del régimen, ésta llegó demasiado tarde. El propio Franco recibió a los representantes del Movimiento europeo y admitió que cuando España formara parte de la Comunidad también tendría que acomodarse a las otras formas. En 1962 ya estaba en marcha, desde el interior del régimen franquista, el proceso de transición hacia la nueva Monarquía.

 

 

Aún quedaba por resolver un gran problema, el de la confesionalidad. La Iglesia, guiada por Juan XXIII, estimuló todos los esfuerzos de reconciliación  y dio en 1963 un paso decisivo con el Concilio Vaticano II. Allí se explicaba bien la doctrina de la Iglesia acerca de la libertad religiosa. Frente a las dudas y reservas de otros sectores, el catolicismo ha definido, una vez más, el pleno derecho de que cada ser humano pueda practicar su religión,  puesto que éste es el primero y principal de los derechos naturales de toda persona.




De este modo aquella bandera de Europa había comenzado a dar sus frutos, estimulando el cambio político de régimen en España. Estamos dentro de la conciencia de la Europeidad. Poco a poco todos aquellos pueblos de Europa que a principios del siglo XV se encontraban divididos y enfrentados fueron ingresando en la unidad. A lo largo de ese proceso de integración europea se han sucedido las dificultades, pero las razones para la esperanza siguen siendo suficientemente fuertes. Hay un detalle que también ha pasado desapercibido para muchos: la firma del Tratado de adhesión por parte de España, ejecutada por el primer gobierno socialista tuvo lugar en ese conocido salón de Roma, que preside la gigantesca estatua del Papa Inocencio X. Curiosamente este Papa fue el que condenó la paz de Westfalia (1648), porque no era paz sino victoria de un bando sobre otro.

 

Hoy debemos cuidar de que las circunstancias en Europa no se cambien: un patrimonio histórico heredado ha enriquecido y mantenido a Europa hasta llegar a ese punto de convivencia que ahora se ve amenazado por ciertos extremismos laicistas, que pretenden eliminar de la vida pública todos aquellos símbolos que hacen referencia a nuestro común pasado religioso y cultural cristiano.  <<En el viejo idioma de la Iglesia laicos son únicamente aquellos que no son clérigos; se puede ejecutar una inflamación en las palabras convirtiendo laico en laicismo, que es como pasar de las amígdalas a la amigdalitis. De ese modo se renueva una persecución de lo religioso, no por medios violentos sino por la profunda reducción a silencio si bien hemos de comprender que de este modo prescindimos también de los valores más profundos -derechos naturales humanos, concepción de la justicia como dar a cada uno lo suyo, afirmar la capacidad racional y el libre arbitrio- sin los cuales no se qué monstruos seríamos capaces de crear>> (Luis Suárez).





Y ahora nos encontramos a Turquía solicitando su ingreso en la Unión Europea. Muchos europeos están dispuestos a superar tiempos pasados, olvidando las batallas de Lepanto y Viena, que detuvieron la expansión turca hacia Europa Occidental. Sin embargo,  no se puede olvidar que en Turquía, a diferencia de Occidente, un partido islamista ha llegado al poder poniendo fin al ensayo laicista de Mustafá Kemal Ataturk, que separaba los poderes religioso y político en aquel Estado. El proceso histórico turco otomano se ha reanudado. Una prueba de ello es que la esposa del presidente turco Gür dio el paso muy significativo de negarse a prescindir del velo en actos públicos. Algo, sin duda, en que contaba con toda la razón.

Se plantean ahora dos interrogantes como consecuencia de la pretensión de incorporar Turquía a Europa, colocándole al amparo de la bandera azul de doce estrellas. ¿Puede el Islam turco renunciar a la confesionalidad del Estado, a la separación del poder político y religioso? La experiencia, hasta ahora, nos da una respuesta enteramente negativa, porque esa unidad entre espiritual y temporal forma parte de la esencia islámica, expresada en El Corán. Será difícil, si no imposible, esperar una definición de libertad religiosa y separación de poderes como la que confirmó el Concilio Vaticano II. Por otra parte Turquía es esencialmente Anatolia, una península que fue en principio llamada Asia. Si se rompen los límites de la europeidad estamos cambiando de raíz el sueño de 1947; en lugar de una Comunidad para la paz, habremos construido un mercado, es decir, un espacio económico –incluso, con independencia del régimen político existente (dictadura o democracia, régimen islamista…), del respeto a los derechos humanos, a la dignidad de la persona, a la defensa de los más débiles- para el que no pueden fijarse límites.

En estos momentos, podemos estar viviendo una coyuntura histórica decisiva respecto al futuro de Europa. <<La bandera de Europa, que pronto va a cumplir cincuenta y tres años, implica un compromiso con el patrimonio heredado, del cual no podemos prescindir. Ser europeo significa adherirse a un conjunto de valores y no, simplemente, asegurar un espacio. Porque este último debe y puede abarcar el universo mundo ayudando a los otros, a fin de cuentas prójimos, en la solución de sus necesidades>> (Luis Suárez)1


Enlace: Bibliografía: Robert Schuman. Padre de Europa.                        Más->

 (1)     Luis Suárez es Catedrático de Historia y Miembro de la Real Academia de la Historia.

 
  Contador de visitas 102097 visitantes (194259 clics a subpáginas)  
 
=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=