Un poco de Historia... y un poco de todo
   
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  Blood Money
 

Blood Money

 En los últimos tiempos del franquismo hubo españoles que tuvieron que cruzar la frontera francesa para ver en Perpignan El último tango en París o alguna otra película algo subida de tono, debido a la censura. Hoy, de forma encubierta parece que se pretende imponer una censura sobre determinados temas de los que no es políticamente correcto hablar con libertad.

Recientemente el Ministerio de Cultura –ya se sabe, el de la ministra Sinde, la del canon digital- ha levantado una polvareda al pretender fijar en 18 años la edad mínima para poder ver en los cines Blood Money, argumentando que tiene contenidos no aptos para menores de esa edad. Realmente, no son los contenidos, ya que no es violenta, ni muestra escenas de contenido sexual ni imágenes sanguinolentas, sino que es el tema lo que parece no gustar a ese Ministerio.

Blood Moneymuestra sin tapujos, con datos en la mano y contado por sus protagonistas, qué se esconde detrás del aborto en Estados Unidos. Detrás de lo que se presentaba como una medida progresista que beneficiaría a las mujeres y las haría más libres –recuérdense los mensajes de contenido tan “científico” de Aído, aquel <<es un ser vivo, pero no es humano>>, se esconde un negocio más propio de mafias, donde se engaña a las adolescentes con métodos anticonceptivos que fallan… lo mejor, es ver los dos minutos del trailer de presentación de Blood Money y escuchar a profesionales que estuvieron implicados hasta el fondo en negocio tan lucrativo.

En definitiva, en España, las chicas de 16 años pueden abortar, pero no pueden ir al cine a ver una película que informa sobre el aborto. Pueden recibir charlas de educación afectivo-sexual en los centros educativos, pero no pueden escuchar otras versiones menos “oficiales”, contrastar la información y conocer sus consecuencias (depresión, autolisis, suicidio…). Si aplicásemos el mismo argumento al tabaco, al alcohol, o al riesgo de conducir con imprudencia ¿sería razonable no hablar de las consecuencias, intereses económicos que hay detrás, etc.?


 ¿Por qué no se quiere mostrar lo evidente?

Pensar que Aído –y compañía- actuaban como hermanitas de la caridad con las mujeres sería de ilusos/as. Basta con teclear en Googlesubvenciones Aído” para que aparezcan más de 62500 enlaces informando del dinero salido en estos tiempos de crisis de nuestros impuestos, que tan generosamente ha repartido la entonces ministra de Igualdad. Algunas subvenciones que cualquiera puede ver en Google: 26000 € para aquel mapa de excitación sexual (¿alguien ha visto ese dichoso mapa?), 142500 € para la Federación de Mujeres Progresistas (mujeres de su mismo partido político, claro),  845000 euros para investigaciones relacionadas con estudios feministas, 6,5 millones de euros en lo que iba del año 2010… Podríamos pensar que el problema se ha resuelto al desaparecer un ministerio tan estéril como el propio aborto; pero, tal vez, el problema ha cambiado de lugar y se ha enquistado en el ahora denominado Ministerio de Sanidad, Igualdad y Política Social; que Aído ha pasado a ocupar plaza en él. ¿No pretenderá imponer la ideología de género a través de ese Ministerio?

 

En cuanto a España, ¿saldrá de la crisis y se crearán 4,5 millones de puestos de trabajo con estas políticas de austeridad e inversiones en Igualdad tan razonables y necesarias? Mientras tanto, el Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, afirma ante la crisis que “Es importante que también haya una aportación por parte de las rentas de los pensionistas en ese sacrificio común y compartido”. Nada de suprimir subvenciones “opacas”.
En cambio, otros, agrupados en Redmadre, sin tanta igualdad en la boca, ya han atendido gratuitamente a más de mil mujeres, de las cuales, el 80% ha decidido continuar adelante con su embarazo y tener a su hijo. También Redmadre ha formado a más de 800 voluntarios en 50 cursos.

Al menos por esto merecería la pena ver Blood Money, para conocer qué se esconde detrás de esa actividad tan “altruista y humanitaria”: la respuesta, en inglés, Blood Money. Pero no será fácil verla en cines. ¿Habrá que terminar yendo a Perpignan?


Enlaces de interés

Antonio Burgos
, sin pelos en la lengua.

redmadre.es

 
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