Un poco de Historia... y un poco de todo
   
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  Bajo el signo de la revolución
 

Bajo el signo de la revolución

Rafael Salazar Alonso

Ed. Akrón, Astorga (León) 2007

 

 Abogado, escritor y político republicano. Durante la Segunda República fue diputado en Cortes, concejal y alcalde de Madrid, presidente de la Diputación provincial y Ministro de la Gobernación en los Gobiernos de Samper y Lerroux. En este último cargo destacó por su lucha contra los movimientos revolucionarios y separatistas en 1934, por lo que fue ejecutado por el Frente Popular en septiembre de 1936. Publicó su libro Bajo el signo de la revolución en diciembre de 1935. En él relata la deriva progresiva de la República hacia una revolución que el Gobierno no sabe o no quiere evitar. Esta obra fue censurada y prohibida por la Dirección General de Seguridad en la etapa del Frente Popular.



A continuación, entresacamos algunos párrafos del libro.

Los partidos del 14 de abril

 

<<Del estatuto político del 14 de abril de 1931 no queda sino el recuerdo de una bella página literaria y jurídica. Pero faltó el respeto a las creencias, la propiedad privada tampoco fue respetada, y leyes hay todavía que suponen la consolidación de actos abusivos contra la propiedad.>>

 

Jactancias revolucionarias

 

(Tras el fallido intento revolucionario de Octubre de 1934)

 El hombre de la calle lee con estupor y espanto cómo las Juventudes Socialistas pueden escribir:

 <<Después de octubre hay una corriente de unidad en el seno del movimiento obrero. (…)

 Por consiguiente, puede afirmarse que, salvo los anarquistas, más intransigentes, el camino hacia la unidad orgánica del proletariado como consecuencia de las jornadas de octubre marcha por buen camino. (…)

 Si en primer término afirmamos que la preparación insurreccional no puede ser abandonada, sino, por el contrario, intensificada, pueden seguir y actuar aquellos organismos que no hayan renunciado a la revolución proletaria por el régimen socialista; pero si, además, conformes con nuestro criterio, cada vez más estimado por la clase trabajadora, debemos marchar juntos a una sola central sindical y a un solo organismo político revolucionario, éstos no pueden ser otros, por lo expuesto, más que la UGT y el partido socialista. Pero esta tarea conducente a la unidad orgánica y revolucionaria no excluye la organización restauradora de los organismos de la insurrección.

En el convencimiento de todos está que el próximo empujón de la clase trabajadora no será resistido por el Gobierno, a pesar del aumento de las fuerzas represivas… nuestra organización militar ha de ser clandestina; ha de tener un trabajo especialísimo y de gran heroicidad. Su actuación no puede en ningún momento estar bajo el control de la legalidad gubernamental. Nuestro Ejército rojo, conforme crezca a fuerza del socavamiento de la fuerza represiva del Estado, ha de ser dirigido por la organización insurreccional. (…) Que sea, en suma, la plataforma de la revolución que conduzca al proletariado, de una vez para siempre, a la victoria definitiva, por la conquista del Poder político y por la emancipación de la clase obrera bajo la dirección del partido socialista.>>

 (Y también)

<<La Federación de Juventudes Socialistas de España, hoy más unida y más fuerte que nunca, se inspira al lanzar estas consignas en la historia revolucionaria del proletariado de nuestro país y en las mejores tradiciones del bolchevismo ruso y en los grandes paladines del socialismo clásico: Marx y Lenin.

Las Juventudes Socialistas consideran como jefe e iniciador de este resurgimiento revolucionario al camarada Largo Caballero (…)>>

 

(Antes del estallido del conflicto)

 

<<Cuando llega el minuto de cerrar la edición (…)

 Un régimen constitucional y parlamentario se convirtió en presidencialista y volvió las espaldas a la voluntad nacional para ofrendarse a las fuerzas coaligadas de la Revolución.>>

 
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